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V CONFERENCIA MUNDIAL DE LA PAZ Y DE LA LUZ

23, 24 y 25 de Agosto 2019 - Hotel Catalonia, Santo Domingo - República Dominicana

Fernando Conde Torrens

Es un ingeniero español que pasó 24 años de su vida haciendo investigaciones (de 1992 a 2016), que se pueden encontrar en su libro “Año 303. Inventan el Cristianismo”. Aprendió griego, hebreo y latín y analizó con gran profundidad libros sobre el cristianismo antiguo llegando a la conclusión de que el cristianismo fue inventado entre los años 303 y 313 por Lactancio y Eusebio de Cesarea por orden de Constantino.

Él afirma que las escrituras sobre la vida de Jesús no las escribieron los evangelistas Marcos, Lucas, Mateo y Juan sino que tiene pruebas irrefutables de que fueron fabricadas. Una de esas pruebas es que encontró el acróstico SIMÓN, que se puede ver en cada capítulo del evangelio de Marcos, el evangelio de Juan, en la Epístola de Santiago.

Defiende la tesis de que toda la historia del cristianismo se fraguó y se redactó entre ese año y el 303, y que nunca hubo nada previamente, sino que todo es una invención que podría calificarse de literaria.

Conde hace una revisión crítica de las fuentes oficiales cristianas, en particular en lo tocante al periodo de las persecuciones, cuyo alcance y virulencia reduce, a la vez que subraya que «no hubo persecuciones ni mártires; ni Nerón quemó a nadie, ni Diocleciano persiguió a nadie».

«No hubo 'persecución sistemática de cristianos'», entre otras razones -argumenta- porque «no existían físicamente, sino solo sobre el papel».

El estudio de Conde se basa y pretende concluir una investigación iniciada en 1850 en la Universidad alemana de Turingia con la que se trató de esclarecer la autoría de los textos sagrados del cristianismo.

A mayor abundamiento, Conde niega la existencia de un personaje fundamental en la historiografía y la teología cristiana como es San Pablo, el llamado «apóstol de los gentiles».

En su libro, presentado en forma de ensayo novelado con un amplio anexo lleno de documentos y textos escritos en griego, Conde indica que si Lactancio fue el creador de la nueva religión, Eusebio se opuso a la falsificación y preparó los textos para dejar huellas de que todo era un invento.

En este sentido, Conde revela las técnicas empleadas por Eusebio para avisar al lector de que se encontraba ante una falsificación.

Entre esas técnicas, señala el investigador, se encuentran la doble redacción, las estructuras en ambas etapas de la redacción y, muy particularmente, los acrósticos, mensajes ocultos que el autor de un texto coloca al comienzo o al final de una frase, con firmas como la anteriormente mencionada «SIMÓN».

Conde disiente con la idea de que su libro sea una nueva obra apologética del ateísmo o del agnosticismo, como ya otros muchos autores han hecho, parte de un estudio muy crítico de los textos cristianos.

El investigador sostiene que su obra «es una invitación al Conocimiento», entendido como el logos griego.

«Hay en el Nuevo Testamento algo del Conocimiento de los griegos, menos del 10 por ciento, que está, además, mal traducido. Hay moral elemental, sobre todo en las Epístolas paulinas, otro 10 por ciento. El 80 por ciento restante son barbaridades doctrinales».